Cómplices

Uno de mis juegos favoritos es el de tirarme por el suelo, revolcarme en la cama, el sofá, el patio del colegio… y en ese rodar y voltearse tan divertido si alguien me acompaña mejor que mejor. No considero al tato tan pequeño como dicen que es y me lo llevo conmigo al suelo a base de empujones o abrazos de oso. Parece que no siempre mantiene el equilibrio adecuadamente y se cae haciéndose daño. Entonces recibo el sermón consabido por no haber tenido cuidado con él. No es que quiera hacerle daño, ¡ni siquiera me doy cuenta! pero una cosa tengo clara: nadie debe meterse con mi tato pequeño. Si un nene le asusta o le molesta allí voy yo a defenderle. Si ama o aita le riñen, allí salgo yo en su defensa. La idea es que nadie le moleste (no lo consentiré nunca) aunque yo pueda permitirme ciertas licencias con él. ¡Para algo soy el hermano mayor!
Jon tampoco tiene dudas sobre qué hacer si me molestan. Sólo tengo que decirle “Jon, ama me ha reñido mucho” y él, sin pensarlo dos veces, dice en tono de reprobación “¡¡ama!!”. Si el tío me hace daño se lo digo y entonces él:” ¡¡tío!!”.
Somos cómplices y nuestra relación es así de estrecha :-)

Los juegos juntos son muy animados, llenos de volteretas y revolcones

Jugar en compañía de alguien que nos mueva aún más es nuestra mayor afición

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