En pocos días han pasado tantas cosas que no he tenido tiempo ni de aburrirme… la fiesta de Nochevieja con los cohetes, para empezar. No tenía claro si me gustaba tanto ruido de petardos después de las campanadas aunque los fuegos artificiales que ví me encantaron ¡¡qué chulos!! Trasnochar para un dormilón como yo fue algo especial; el primer año que espero ver llegar la madrugada despierto. Compartí un ratito más de fiesta con los mayores. ¡¡Me estoy haciendo muuuuy grande!!
Después llegaron la cabalgata de los Reyes Magos y los regalos. Tanta fascinación me causaron sus majestades con sus trajes, los pajes, los caramelos, sus carrozas que no pude por menos hacer la ofrenda que había planeado: mi tete, el que adoraba, el que tenía como compañía todas las noches de mi vida, el que me ayudaba a despertarme por las mañanas… ese mismo. Lo dejé en mis zapatillas antes de acostarme, con la esperanza de que semejante sacrificio les convenciera de lo bueno que soy y de los muchos regalos que me merezco. Quizá por los nervios de saber qué me traerían, quizá por la emoción de saber que estarían en mi casa y se beberían la leche, se comerían las galletas y los camellos saciarían su sed con el agua que les dejamos Jon y yo o quizá por la añoranza ya de mi chupete (solito en mis zapatillas hasta que las amorosas manos de un gran Rey Mago lo recogiera)… el caso es que tardé mucho en dormirme, desperté al tato varias veces. Finalmente llegó la mañana, cumplí la ley no escrita de madrugar mucho muchísimo para empezar a abrir regalos y me pasé tooooda la mañana en ello. Sé que se esperaba de mí una sonrisa ilusionada, algo nerviosa y emocionada así que no la borré en ningún momento del día.
Ha sido genial, me lo he pasado pipa. ¡¡Ya estoy deseando repetir!! Me encantan las navidades, sin duda.
PD: echo de menos mi tete y las noches son un poco duras sin él pero tan satisfecho estoy del resultado que no lo pido y les digo a sus majestades que lo cuiden mucho, que tiene un inmenso valor…

Había regalos para abrir en casa, en casa de los aitites, en la de los abuelos... ¡debo haber sido muuuuy bueno!




